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¿Me puedo tomar una copita si me estoy medicando?

Ahora que llegan las comidas de empresa, fiestas de navidad y en general infinidad de eventos sociales de diversa índole, esta pregunta es “top” en la farmacia. Partiendo de la base de que como profesionales de la salud, te recomendamos que moderes todo lo posible el consumo de alcohol como parte del estilo de vida saludable, en este post te contamos por qué y en qué casos deberías extremar las precauciones.

Cómo actúa el alcohol en nuestro organismo

 
El alcohol que bebemos se absorbe, como los alimentos, a través tracto gastrointestinal. En su periplo por el organismo llega al cerebro donde sufrimos los efectos de sobra conocidos (euforia, desinhibición, cierta analgesia, somnolencia, relajación) y a otros órganos donde produce hipertensión, taquicardia, enrojecimiento o sudoración. 
 
El hígado es el encargado de eliminarlo, y para ello necesita transformar el alcohol en subproductos o metabolitos, que serán primero acetaldehído (tóxico) y luego el acetato (no tóxico) que se descompondrá finalmente en dióxido de carbono y agua. Para el hígado no es fácil transformar el acetaldehído en acetato, así que mientras “se esfuerza” por hacerlo, tenemos al acetaldehído, un metabolito tóxico y cancerígeno, circulando en sangre (es el principal responsable de la resaca y de los efectos desagradables del alcohol) y al hígado sobrecargado de trabajo.
 
Una misma cantidad de alcohol ingerida puede afectar a dos personas de forma diferente, ya que factores como el sexo, el peso, deficiencias de ciertas enzimas, determinados medicamentos o la edad pueden condicionar la mejor o peor eliminación del alcohol. 
 
Después de conocer cómo se metaboliza el alcohol en el organismo, podemos comprender por qué su abuso continuado produce daño hepático (hepatitis, cirrosis, hígado graso), lesiones gástricas, hipertensión, problemas cardiacos y adicción entre otros problemas.
 
 

Medicamentos y alcohol

 
La mayoría de los medicamentos se metabolizan en el hígado, así que “compiten” con el alcohol y eso trae como consecuencia que no eliminemos los primeros, lo segundo o los dos a la vez adecuadamente, con las consecuencias indeseadas correspondientes. 
 
Ejemplo de ellos son:
 
  • Benzodiacepinas (se prescriben para la ansiedad o para dormir) que aumentan la concentración de alcohol y del medicamento en sangre, lo cual puede producir depresión del Sistema Nervioso Central.

 

  • Antipsicóticos, antiepilépticos o sulpirida (para vértigos y ruidos este último): Pueden producir problemas de coordinación, lentitud de reacción, pérdida de memoria, rigidez, temblor, espasmos.

 

  • Antidepresivos: Se producen más alteraciones psicomotoras (contracciones involuntarias de los músculos, espasmos, tics, muecas e incluso alteraciones cerebrales).

 

  • Ranitidina (para úlceras digestivas y reflujo): Puede producir una intoxicación etílica porque aumenta los niveles de alcohol en sangre.

 

  • Codeina (para la tos o el dolor): Puede producir depresión respiratoria.

 

  • Acitretina (para la psoriasis): Potencia uno de sus efectos secundarios, la capacidad de producir malformaciones fetales.

 

  • Bromocriptina (para suprimir la lactancia materna): Potencia llamativamente los efectos secundarios del medicamento.
 
Otros medicamentos combinados con alcohol lesionan el hígado, es el caso de algunos antibióticos como isoniazida, o inmunosupresores, como la leflunomida, el metotrexato o la ciclosporina, este último tiene registrado en concreto interacción con el vino tinto. Un medicamento que consumimos con mucha frecuencia (a más dosis de la necesaria en muchos casos) y que combinado con alcohol puede producir daño hepático grave es el paracetamol.
 
Algunos medicamentos producen lo que en la jerga médica se conoce como “efecto antabús”, un medicamento usado para la deshabituación alcohólica por sus desagradables efectos en el organismo: sofocos, ruborización, dolor de cabeza, palpitaciones, náuseas y vómitos y en algunos casos hipotensión y colapso cardiovascular. Pertenecientes a este grupo encontramos algunos antibacterianos como el metronidazol y el tinidazol.
 
Otros efectos: el tacrólimus, usado en crema para la dermatitis atópica, puede producir una intolerancia al alcohol transitoria, con calor facial, erupción cutánea y enrojecimiento. Los anticoagulantes orales (warfarina y acenocumarol) también interaccionan con el alcohol a altas dosis o con un consumo continuado.
 
Por último, es importante recordar que aunque dando el pecho podemos tomar un par de cervezas o copas de vino sin problema y seguir con la lactancia, en el embarazo no hay una dosis mínima de alcohol segura, de forma que durante el embarazo no debemos tomar ni una gota de alcohol.
 
Si aún sigues teniendo dudas, acude a tu farmacia. Piensa que el farmacéutico es el profesional del medicamento así que anímate a consultar cualquier cuestión que tengas relacionada con este o cualquier otro tema. 
 
Y recuerda… ¡Disfruta de las fiestas con cabeza!
 
 

Autor:
Rosario Cáceres Fernández-Bolaños
Farmacéutica
Desarrollo de Proyectos Profesionales y Relaciones Institucionales del COF Sevilla