El Credo es una oración recitada durante la liturgia cristiana desde finales del siglo V, en la que los creyentes confirman su fe en Dios y en los dogmas de fe cristianos. Relata la historia de Jesucristo, de cómo empezó todo, y de cómo Dios entregó a Su Único Hijo para la salvación del mundo.
Hago referencia a esta oración, porque en un pasaje de la misma se dice textualmente: «…Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado… al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso«. Ese es el relato, que tiene como protagonista principal a Jesucristo, como hemos dicho.
Supongamos por un momento que a lo largo de la historia alguien hubiera manipulado la oración. Supongamos que la maniobra hubiera consistido en suprimir la primera parte de la misma para comenzarla donde dice Poncio Pilato, y que, por lo tanto, hubiera llegado a nosotros así: «Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado… al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso». Esta tergiversación habría dado al traste con las históricas creencias de la humanidad, que estaría dirigiendo sus oraciones al pretor romano en vez de al Mesías.
Lo que describo es afortunadamente una quimera, un imposible, aunque podría haberse producido.
Hay un axioma que dice que «con el tiempo lo imposible se hace posible; lo posible, probable; y lo probable, seguro». Por tanto, y si el aforismo es cierto, todo sería mutable con el paso del tiempo, por lo que podría desencadenarse una manipulación similar.
Notas de prensa
En la actualidad, son habituales las notas de prensa de parte y las manipulaciones informativas, con el fin de conseguir hacer prevalecer versiones oficiales de la realidad, casi siempre interesadas, de las que se hacen eco rápidamente los medios de comunicación afines, y sobre todo las redes sociales, que repiten y repiten las noticias hasta convertirlas en dogmas de fe. ¿Qué, si no, es la «posverdad», tan de moda últimamente?
Centrándonos en ejemplos concretos, comprobamos cómo personas e instituciones de comportamientos más que dudosos son defendidos a ultranza por sus afines, mientras que otros de conductas intachables, de honra ganada a pulso a lo largo de una trabajada vida, suelen ser diana de quienes están dispuestos a tergiversar la Historia para reescribir su propia versión de la misma, enfangando sin escrúpulo a éstos con tal de conseguir no se sabe qué objetivos.
Las tácticas empleadas para engañar a los cabritillos del cuento, como mostrar por debajo de la puerta la garra de lobo blanqueada con talco, no son nada nuevo, han existido siempre, aunque en la actualidad se acrecientan peligrosamente debido a la manipulación y el comportamiento de ciertos medios de comunicación, y a la irrupción de las redes sociales donde no se perdona nada y se intenta destrozar a diario el honor de según quien.
Ejemplo de manipulación
Un ejemplo de manipulación ha sido el del Almirante Cervera (1839-1909), hombre de honor y héroe de la Guerra de Cuba, del que un grupo de indocumentados que, a pesar de ello, sigue gobernando Barcelona, ha reescrito su vida y retirado su nombre del callejero barcelonés «por fascista», y al que en las redes han insultado injusta e impunemente, sin que los que encendieron la mecha hayan rectificado al conocer la verdad: este insigne español no pudo ser fascista porque falleció muchísimo antes de la creación de esta corriente de pensamiento político. Tampoco esperábamos una rectificación porque esa acción está reservada a los sabios, según el dicho popular. La consecuencia es que se ha despreciado la inquebrantable lealtad a la Patria, y se ha manipulado la brillante hoja de servicios de este español, militar por más señas o quizás por esa razón, al que se ha hecho un juicio público para condenar al ostracismo.
Otro ejemplo han sido los denigrantes vídeos que circulan por un famoso canal de internet, en los que se insulta zafia e impunemente a personajes públicos, manipulando los relatos mediante testimonios claramente interesados y escogidos, sin importar las consecuencias de tales hechos y, sobre todo, sobre todo, sin importar si lo que se expone es cierto o no: «Se non è vero, è ben trovato».
En estos dos ejemplos, y en muchísimos más que podríamos relatar, queda patente que no decir la verdad, o bien omitir una parte del todo -empezar el Credo en Poncio Pilatos, como decía al principio- equivale a condenar o, por el contrario, ensalzar a quien se pretenda. Y una vez que el pueblo identifica el objetivo, y se cree la nueva versión de la historia, es muy complicado dar marcha atrás.