Acabo de regresar de San Luis, adonde fui invitado a participar como ponente en las XII Jornadas Federales y XI Jornadas Internacionales de Farmacia, organizadas por la Federación Farmacéutica Argentina (Fefara).
Se me encargó una intervención a modo de conferencia amplia, con el sugerente título de “Las Farmacias españolas ante la crisis: lecciones aprendidas”, y con la petición expresa de describir a los congresistas el funcionamiento de la distribución farmacéutica cooperativa y de los colegios, de la situación creada por los impagos a Farmacias, la exclusión de medicamentos de la prestación pública, los algoritmos valencianos, el cataloguiño gallego, las alternativas terapéuticas equivalentes (ATE) y las subastas andaluzas.
Los temas fueron tratados con amplitud pues, entre exposición y coloquio, el programa había previsto dos horas de duración y el único ponente era un servidor de ustedes.
Dentro de lo llamativos que eran todos los temas tratados, fundamentalmente el funcionamiento de las cooperativas (desgraciadamente desaparecidas en la Argentina), la salida de medicamentos DH de las Oficinas de Farmacia, las ATE y las subastas o licitaciones andaluzas, gran parte se la llevó esta última sobre todo cuando pasamos a analizar los ingresos que las arcas públicas iban a obtener por la dispensación de determinadas medicamentos. Para ilustrar la exposición hice uso de un cuadro publicado recientemente en determinado medio profesional español, en el que se comparaban los ahorros de Losartan 100mg/Hidroclorotiazida 25mg 28 comprimidos y Escitalopram 20mg 28 comprimidos, por un lado, y de Ibuprofeno 600mg 40 sobres y Fluoxetina 20mg 28 comprimidos, por el otro.
En los dos primeros casos las aportaciones de los laboratorios van a ser significativas (un 69,6 y un 57,9 por ciento, correspondientes a 4´06 y 13,51 euros, respectivamente); en cambio, en los dos segundos casos, las aportaciones son de un 0,25 y 0,58 por ciento, correspondientes a 0,01 y 0,02 euros por envase, respectivamente.
Traduciendo estos “fríos datos” al consumo de medicamentos, nos encontramos con que si por cada envase de 40 sobres de Ibuprofeno de 600 mg el laboratorio va a aportar (y el sistema va a recibir) un céntimo de euro, se ahorrarían 10 euros por cada mil envases del mencionado medicamento dispensado. O sea, que aliviar cuarenta mil cefaleas, por ejemplo, con ese medicamento concreto reporta al sistema 10 euros de ahorro. Curioso ejemplo de eficiencia.
Analizando el otro caso, nos encontramos con que si un paciente tiene prescrito un comprimido diario de Fluoxetina de 20mg durante un año, necesita adquirir trece envases del mismo para cumplir el tratamiento. Y como de cada envase el laboratorio aporta dos céntimos de euro, el ahorro para el sistema será de 0´26 euros por paciente y año. Curioso ejemplo de eficiencia, también.
Pero más curioso aun fue la extrañeza de los asistentes cuando, en el coloquio, uno de ellos preguntó qué ocurría si el farmacéutico no dispensaba estos últimos medicamentos sino que los cambiaba por los de otro laboratorio y me vi obligado a explicarles detalladamente el mecanismo de justificación del cambio para amparar la dispensación y evitar la devolución fulminante de la receta y el no abono de la misma, para recibir un céntimo de euro de ahorro.
Posteriormente, y como suele ser habitual, una vez finalizado el acto programado continuamos dialogando en los pasillos, contestando otras preguntas y ampliando respuestas a las ya realizadas en la sala. Las más numerosas seguían centradas fundamentalmente en los requerimientos para justificar los desabastecimientos, como el envío de fotocopias de albaranes que desde las farmacias se habían de remitir a los colegios para documentarlos fehacientemente, o para acreditar cualquiera otra de las diversas causas por las que no se dispensaba el medicamento licitado; los pedidos e informes del “cuarto almacén” (en aquellos colegios que dispongan del sistema); las reuniones de comisiones Administración-Colegios; los informes remitidos a los colegiados explicando las devoluciones de recetas y sus causas… y un largo etcétera, todo ello por unos céntimos de euro, en estos casos.
Como nota curiosa, uno de los compañeros argentinos me preguntó si a eso era a lo que se referían los medios de comunicación cuando hablaban del “céntimo sanitario” español, a lo que respondí que no, que hablábamos del “nuevo céntimo sanitario”, no del recientemente anulado por el Tribunal Constitucional.