Alzheimer, una visión desde dentro y desde fuera de la farmacia

A mamá hace tiempo que se le olvidan las cosas.

Al principio eran cosas sencillas, sin importancia. Repetía las cosas mil veces. Bueno, como todas las madres, ¿no?

Luego se mostraba errática en su comportamiento, todo el día pegada al televisor y cada vez salía menos. Cuando lo hacía, intentaba pagar varias veces en el restaurante porque no estaba pendiente. Poco a poco fuimos viendo el deterioro, cada vez más claro, cada vez más difícil de obviar.

Cuando nos confirmaron el diagnóstico, fue como confirmar nuestro mayor temor y, a la vez, nuestra mayor certeza: tenía Alzheimer.

Esta situación es, por desgracia, bastante usual en el mostrador de la farmacia. Nos pasa mucho a los farmacéuticos comunitarios, que atendemos asiduamente a muchas personas, con las que con el tiempo establecemos un vínculo especial, casi familiar, que nos permite detectar cambios que pueden pasar inadvertidos para otros profesionales sanitarios.

Ya sea porque solucionamos problemas menores, porque atendemos vuestras dudas o porque estamos ahí siempre para dar consejo y apoyo. Es de las cosas —probablemente la que más— que nos hacen mella como seres humanos (que también lo somos).

Porque, a veces, por situaciones familiares como la soledad no elegida, o simplemente por querer mantener la independencia y no molestar, somos los primeros que vamos viendo el deterioro de esa persona querida y cercana.

  1. ¿Qué es el Alzheimer?

Es una enfermedad neurodegenerativa irreversible y progresiva que afecta, sobre todo, a mayores de 65 años, aunque también puede aparecer antes de esa edad; cuando los síntomas comienzan antes de los 65 años se habla de enfermedad de Alzheimer de inicio temprano.

Existe un deterioro cognitivo progresivo y trastornos de la conducta, desde los famosos olvidos hasta alteraciones en el pensamiento, el razonamiento o el comportamiento.

Está provocado por la muerte celular de las neuronas y está relacionado con la acumulación de proteínas anormales (en forma de placas u ovillos), que puede iniciarse hasta 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

No existe un factor claro que lo provoque, pero sí existen factores de riesgo, como la edad avanzada, los antecedentes familiares y ciertos factores genéticos.

A medida que avanza, la persona puede dejar de reconocer a familiares, tener cambios en la personalidad —incluso con accesos de ira y violencia en personas que toda la vida han sido pacíficas— y requerir cada vez más asistencia para poder llevar a cabo las actividades del día a día.

Actualmente no existe cura, y el tratamiento se utiliza para intentar frenar el deterioro cognitivo durante un tiempo limitado o mejorar algunos síntomas de manera sensible.

Hay que aclarar que no es una parte normal del proceso de envejecimiento.

  1. ¿Cómo diferenciarlo de los olvidos “normales” de la edad avanzada?

En el caso del Alzheimer, los olvidos poseen ciertas características diferenciales:

  • Afectan a la vida cotidiana: hacer las mismas preguntas constantemente, olvidar fechas y nombres importantes o depender mucho de que se les recuerde externamente determinadas cosas.
  • Problemas para llevar a cabo las actividades del día a día: cocinar, lavar la ropa, limpiar, etc., dejando amontonadas las tareas.
  • Desorientación en trayectos habituales.
  • Lenguaje alterado: incapacidad para seguir una conversación o terminarla de manera repentina.
  • Pérdida de objetos importantes en lugares inusuales.
  • Puede aparecer irritabilidad, cambios de conducta, ansiedad y pérdida de interés en actividades que antes gustaban.

Los olvidos propios de la edad se caracterizan por otros puntos:

  • No afectan a la autonomía ni a las actividades habituales.
  • Olvido ocasional de nombres o citas, pero se recuerdan pasado un pequeño espacio de tiempo.
  • Errores puntuales en tareas cotidianas, pero no de manera habitual.
  • La personalidad se mantiene intacta.
  1. Medicamentos para tratar el Alzheimer

El tratamiento farmacológico del Alzheimer se divide en dos categorías: medicamentos que ayudan a aliviar los síntomas y otros más recientes que buscan modificar la progresión de la enfermedad.

3.1. Inhibidores de la colinesterasa

Actúan aumentando los niveles de una sustancia llamada acetilcolina en el cerebro. Esto ayuda en la comunicación entre las neuronas y mejora el control de los síntomas cognitivos del Alzheimer.

Entre ellos podemos encontrar:

  • Donepezilo (comprimidos).
  • Rivastigmina (cápsulas, solución oral y parches).
  • Galantamina (comprimidos).

Pueden mejorar temporalmente la atención, ciertos síntomas relacionados con la conducta y, por supuesto, la memoria.

3.2. Moduladores del glutamato: memantina

Actúa sobre otra sustancia, llamada glutamato, un neurotransmisor clave en procesos relacionados con la memoria. Puede ser utilizado solo o junto con Donepezilo.

Estos dos grupos de medicamentos pueden producir efectos secundarios que, aunque no son habituales, hay que tener en cuenta y consultar con el médico si aparecen. Entre ellos podemos encontrar:

  • Dificultad para respirar o hinchazón facial o corporal.
  • Fiebre alta inexplicable y lesiones cutáneas extendidas.
  • Confusión súbita o pérdida de conciencia.
  • Sangrado o aparición de moratones sin causa aparente.
  • Dolor abdominal intenso o ictericia (color amarillo de la piel o los ojos).

3.3. Nuevos medicamentos

En los últimos años han surgido avances importantes en el tratamiento del Alzheimer, especialmente para pacientes en fases iniciales. Se centran en la eliminación de la proteína beta-amiloide del cerebro, relacionada con el desarrollo de la enfermedad.

Son Lecanemab y Donanemab, ambos fármacos del grupo de los anticuerpos monoclonales.

Estos fármacos parecen ralentizar la progresión en fases iniciales. No curan ni revierten el daño avanzado, pero representan uno de los avances más importantes de los últimos años en el tratamiento de la enfermedad.

Es importante, por lo tanto, el diagnóstico precoz, y en esta vía también se ha avanzado en los últimos años. Los nuevos biomarcadores permiten detectar determinadas alteraciones relacionadas con las placas de beta-amiloide y avanzar en algo tan importante como detectar la enfermedad a tiempo.

También puede ocurrir que el médico prescriba otros medicamentos, como ansiolíticos o antidepresivos, para los trastornos de conducta. De ellos hablaremos en otros posts.

Las farmacias son un pilar clave en el apoyo a las personas afectadas por el alzheimer y a quienes las cuidan. Desde la oficina de farmacia podemos contribuir en diferentes ámbitos:

  • Detección precoz: al observar cambios en la conducta o síntomas de deterioro cognitivo durante sus visitas habituales. En farmacias de barrio o rurales, a veces somos uno de los recursos sanitarios más accesibles.
  • Educación sanitaria y apoyo emocional: establecer pautas de comunicación, prevención o rutinas sencillas.
  • Dispensación y seguimiento del tratamiento.
  • Acompañamiento en todas las fases del proceso a los cuidadores y familiares, incluyendo todas las posibles complicaciones secundarias (disfagia, heridas puntuales, necesidades especiales, etc.).

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. BOT PLUS [Internet]. Madrid: CGCOF; 2026. Disponible en: https://botplusweb.farmaceuticos.com/

“Informe Anual sobre Alzheimer 2024” (Alzheimer´s Disease International)

“Neurodegeneración y Alzheimer” (Arcadi Navarro Cuartiellas, Nina Gramunt Fonbuena, mayo 2024)

“Neuropsicología de la enfermedad de alzheimer” (Joan Deus Yela, Josep Deví Bastida y María del Pilar Sáiz Pelayo, feb/2018)

“Alzheimer, guía práctica para comprender, conocer y convivir con la enfermedad” (Carlos Hernandez-Laoz, Secundino López Pousa, abril 2016)

 

Autor/es

Álvaro Carrasco López
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