¿Tienes picor, ardor, sequedad o por el contrario un flujo abundante y/o con mal olor? ¿Tienes molestias al practicar relaciones sexuales con penetración? No te preocupes, es más normal de lo que crees. Más de la mitad de las mujeres sanas de más de 60 años manifiestan alguno o varios de estos síntomas. Y si eres más joven, igualmente leyendo este artículo posiblemente podrás poner solución a este frecuente problema.

La vagina es un conducto muscular dotado de gran elasticidad que comunica el aparato genital interno con el externo (la vulva). El revestimiento vaginal sano está formado por una flora polibacteriana (Lactobacillus reuteri y L. rhamnosus entre otros) que varía a lo largo de la vida y que viene condicionado, entre otros factores, por los estrógenos, que producen glucógeno. El glucógeno es el alimento de estas bacterias beneficiosas que a su vez liberan ácido láctico, responsable del pH ácido de la vagina que la protege frente a la amenaza de hongos y bacterias patógenas.
Cuando lavamos compulsivamente la zona con jabones agresivos, utilizamos ropa interior de lycra que no permite la transpiración, dejamos los bañadores húmedos mucho tiempo, no retiramos los tampones con frecuencia, utilizamos duchas y lavados intravaginales o desodorantes, o tenemos relaciones sexuales múltiples sin preservativo, estamos fomentando el desequilibrio de esta flora y por tanto la infección de la misma.
El estrés (como por ejemplo miedo a las relaciones) es un factor a tener en cuenta a la hora de contemplar por qué se produce el desequilibrio, ya que se segrega cortisol y este, a su vez, disminuye los niveles de estrógenos.
Determinados medicamentos también pueden alterar la lubricación vaginal, es el caso de los anticonceptivos o de los fármacos utilizados para el tratamiento de cáncer de mama, ovario o útero. Otros medicamentos son los antidepresivos tricíclicos, ciertos antihipertensivos y fármacos anticolinérgicos que se utilizan principalmente en tratamientos como úlcera péptica y colon irritable.
También las pacientes diabéticas o con síndrome de Sjögren pueden presentar falta de lubricación vaginal.
Y por supuesto en la menopausia (que no es una enfermedad, sino una etapa de la vida), donde se deja de segregar estrógenos y las paredes vaginales adelgazan y pierden elasticidad.

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestra vagina a estar lubricada y con la flora bacteriana óptima?

En primer lugar, descartar una infección. El farmacéutico atenderá a tu edad y sintomatología y te derivará ante la sospecha de una infección bacteriana o fúngica.
En segundo lugar, sigue los consejos arriba mencionados. Es muy interesante siempre, pero mucho más en la menopausia, contemplar seriamente la posibilidad de hacer ejercicio diario. Esto mejorará el estrés, el aumento de peso y pérdida de masa muscular al que se tiende en esa etapa de la vida, y prevendrá futuras osteoporosis y fracturas.
Para reforzar la flora, existen preparados en la farmacia de aplicación vaginal con los bacilos “defensores” del equilibrio vaginal, que gozan de amplia evidencia científica. Los puedes encontrar en cápsulas o en una forma farmacéutica muy novedosa: los tampones con probióticos en su interior, que pueden ser adecuados para pacientes usuarias de tampones y que suelan sufrir infecciones recurrentes por desequilibrios tras las menstruaciones. También se comercializan probióticos orales que pueden colonizar la zona vaginal.
Además de los preparados vaginales de probióticos, existen lubricantes, para usar en las relaciones sexuales (hay que aplicarlos en los genitales de ambos) y humectantes, para usar de forma diaria y mejorar las molestias de la vagina. Estos productos pueden contener sustancias como ácido láctico (acidifica y protege la zona), ácido hialurónico (mejora la hidratación), aceite de rosa mosqueta (lubrifica y mejora la regeneración del epitelio) y lidocaína (anestésico, no usar más de siete días).
Para las mujeres perimenopáusicas existen lubricantes y humectantes que contienen fitoestrógenos e isoflavonas de soja. Para estas mujeres, y siempre que tengan pareja estable (ojo con las enfermedades de transmisión sexual), es muy interesante aumentar la frecuencia de las relaciones sexuales ya que el semen contiene glucógeno, que como hemos visto antes, es el alimento de nuestros bacilos beneficiosos.
Acude a tu farmacia. Si quieres tener intimidad y estar tranquila a la hora de consultar con tu farmacéutico, pídele (en el mostrador o por teléfono) que te atienda en la Zona de Atención Personalizada (ZAP) y allí coméntale con detalle todo lo que te sucede y lo que te preocupa, él te atenderá amablemente y te acompañará en la solución de tu problema de salud o te derivará al profesional sanitario adecuado si lo estima conveniente.