La toxina botulínica es una proteína elaborada por la bacteria Clostridium botulinum. Se conoce comúnmente como Botox®, pero este nombre no es más que la primera marca comercial que se puso en el mercado. Actualmente hay varias marcas comercializadas por distintos laboratorios. En este post aclaramos tus dudas en torno a la utilización de esta toxina.

La bacteria Clostridium botulinum provoca el botulismo, enfermedad grave que se produce normalmente tras la ingesta de alimentos mal conservados o mal preparados, aunque también puede producirse por contaminación de heridas abiertas. En este sentido, conviene recordar que hay que evitar el consumo de alimentos en conserva si la lata se encuentra deformada y suelta gas al abrirla, pues es probable que contenga la bacteria.
Esta enfermedad, entre otros síntomas, provoca parálisis muscular. Esta acción comenzó a usarse con fines terapéuticos en los años 70, empleándose bajas dosis de toxina para corregir el estrabismo, patología oftálmica en la que por afección de los músculos que rodean los ojos, cada ojo “mira” para un sitio.
Fue el campo de la neurología el que más aprovechó (y más aprovecha en la actualidad) los efectos de la toxina botulínica para emplearla con fines terapéuticos; así, comenzó a usarse en distintas distonías (afecciones de los músculos), incontinencia urinaria, espasmos faciales (contracciones involuntarias de la musculatura de la cara, por ejemplo tics), hiperhidrosis (sudoración excesiva) y sialorrea (salivación excesiva), entre otras.
Pero fue de forma casual, en 1987, cuando una doctora que estaba usando la toxina para corregir un problema ocular de un paciente, concretamente blefarospasmo, vio que no sólo se le corregía aquél, sino que además le desaparecían a la paciente las arrugas del entrecejo, otorgándole un aspecto más joven. En este momento comenzaron los estudios sobre el uso de la toxina botulínica con fines estéticos y 3 años después el uso de la toxina comenzó a extenderse con gran éxito.
La técnica para eliminar las arrugas consiste en infiltraciones de la toxina con una aguja extrafina justo en el músculo que está en la zona que se quiere tratar, de forma que el músculo se relaja y la arruga se atenúa. Es por tanto lógico pensar que el uso en cuanto al tratamiento de arrugas se refiere, sea únicamente para arrugas de expresión, es decir, aquellas que aparecen como consecuencia de la contracción de los músculos: al reír, expresarse, gesticular…..y que suelen aparecer en entrecejo, comisura de los labios, frente y contorno de ojos.
El efecto de la toxina no es permanente, sino temporal, de forma que si se quiere mantener el efecto no va a quedar otro remedio que repetir la aplicación a los pocos meses, normalmente entre 4 y 6 meses después de la primera infiltración.
Pero, como todos los tratamientos médicos, no está exento de complicaciones, aunque, de forma general, se puede decir que los efectos adversos son leves y transitorios. Entre estos efectos adversos están las reacciones alérgicas, náuseas y rigidez facial.
Por supuesto, este tipo de tratamientos tiene que ser aplicado por un especialista experto en la materia y en las condiciones de esterilidad idóneas. No acudáis a ningún centro que no os proporciones la  seguridad y garantía suficientes.

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