Se acerca la época de bajas temperaturas y, con ella, la probabilidad de coger un resfriado. En el post de esta semana veremos un compuesto con propiedades inmunomoduladoras que nos puede ayudar a combatir estas infecciones: el própolis.

El própolis o propóleo es un producto apícola que las abejas recolectan de las resinas y secreciones que cubren las yemas de distintas especies vegetales que están cercas de sus colmenas. Destacan el abedul, el álamo, el castaño, el sauce, el aliso, el roble y otras pertenecientes fundamentalmente a la familia de las coníferas.
Para la recolección del própolis, la saliva de la abeja juega un papel fundamental, ya que permite su ablandamiento creando una sustancia viscosa que depositan alrededor de la colmena, que ejerce una especie de sellado para protegerla de agentes externos patógenos.
La época de máxima recolección tiene lugar al final del verano. Tiene un aspecto resinoso, de coloración pardo-oscura, dependiendo de su origen botánico. Tiene sabor acre y olor agradable y dulce cuando lo calentamos.
El própolis es conocido por el hombre desde tiempos remotos. Ya se empleaba en el antiguo Egipto para embalsamar. A los griegos le debemos su nombre que significa “delante de la ciudad” (pro = delante; polis = ciudad) haciendo referencia a la función del própolis en la colmena, que es la de taponar herméticamente cualquier orificio que presente, con el fin de evitar que se produzcan infecciones en el interior de de la misma, llegando incluso a “embalsamar” con própolis cualquier insecto que se adentre en el interior de la colmena.
Debido a la variada fuente de recolección del própolis, su origen y el clima, su composición es compleja y variada. Os recomendamos que optéis siempre por productos normalizados de los que conozcamos su contenido en principios activos. Destacaremos comoprincipios activos los flavonoides y derivados del ácido cafeico.
El própolis presenta actividad antibiótica, antiviral, antiinflamatoria e inmunomoduladora. Es útil en procesos infecciosos e inflamatorios siendo más extendido en procesos respiratorios (gripe, resfriados), en la piel (eczemas, acné, quemaduras), cavidad bucal (dolor de garganta, afonía, herpes, aftas) e infecciones urinarias como la cistitis.
En las farmacias encontraréis diversidad de productos a base de própolis, todos normalizados en principios activos como sprays bucales, comprimidos bucodispersables, jarabes, cremas, etc. El própolis se debe utilizar ajustando siempre la dosis según el preparado que vayamos a emplear, presenta muy baja toxicidad, es decir, tiene una excelente seguridad.
Sin embargo, es preferible consultar su uso en embarazadas y personas con atopías y alergias.

Bibliografía

– Navarro C, Ortega T, García-Rodriguez JA, Stübing G, Peris JB (Coordinadores). Plantas medicinales y complementos de la dieta en las afecciones respiratorias. Madrid: Infito, 2005.
– Castillo E, Martínez I. Manual de Fitoterapia. 2ª Ed. Elsevier; 2015.

Autor/es

Farmacéutico comunitario. Grupo Adjúntate de Fitoterapia del COF Sevilla.