La palabra cáncer engloba un conjunto de enfermedades en las que una célula o grupo de células comienza a dividirse sin control, pudiendo diseminarse a otros órganos y/o tejidos, afectándolos de forma más o menos considerable; por este motivo es muy importante la detección precoz. En esta entrada vamos a saltarnos este aspecto y vamos a lanzar un mensaje positivo, y es que el cáncer se supera: esos síntomas acabarán con la finalización de la enfermedad.

Afortunadamente, en los últimos 20 años la supervivencia ha aumentado considerablemente, gracias al avance de la ciencia y la investigación. Que el cáncer se cura ya es una realidad.
Es importante ser conscientes de que la propia enfermedad cursa con una gran variedad de síntomas que dependerán del tipo de cáncer, localización, magnitud y posible diseminación.
No es un camino fácil, pero sí es un camino que muchas personas ya han recorrido y con mucho éxito. Bien es cierto que, como ya se ha dicho, tanto la propia enfermedad como los tratamientos administrados pueden dejar secuelas con las que habrá que saber convivir y, en lo que tendremos que centrar nuestros esfuerzos es en que afecten lo menos posible en el día a día del paciente.
Quizás el tratamiento más angustioso o el que más afecta al bienestar de los pacientes sea la quimioterapia. Son muchas las dudas y miedos a los que hay que enfrentarse cuando te comunican que vas a recibir ciclos de quimioterapia. Es importante no limitar los sentimientos al simple miedo; hay que intentar convertirlos en esperanza, ya que es el camino para la cura del cáncer.
Un ciclo de quimioterapia consiste en la administración de una sesión de quimioterapia (lo más frecuente es que sea intravenosa u oral) seguida de un periodo de descanso antes de comenzar una nueva sesión; este periodo de descanso tiene como finalidad que el organismo se recupere de los efectos adversos del propio tratamiento; estos períodos serán variables según cada paciente, tratamiento administrado y tipo de cáncer.
  • Uno de los efectos adversos que suelen causar preocupación es la posible infertilidad, bien sea temporal o permanente, que puede causar la quimioterapia. Por ello antes de comenzar con la quimioterapia, es importante considerar algunas opciones encaminadas a facilitar una futura fecundación.
  • Durante la quimioterapia también es frecuente que disminuyan las ganas de comer, pero una buena alimentación es fundamental durante el tratamiento. Si te cuesta mucho, consulta a tu farmacéutico sobre complementos nutricionales para tu dieta.
  • Y, por supuesto, practica ejercicio de forma regular, porque aunque no te apetezca, puede ayudar a mantener el buen funcionamiento de tu cuerpo. No es necesario que realices más ejercicio del que eres capaz, no te sobreesfuerces, pero sí ponle un poquito de fuerza de voluntad ya que es normal que te cueste arrancar, sobre todo por el cansancio que conlleva la quimioterapia.
  • Antes de comenzar el tratamiento, piensa que pasarás un rato en el hospital y que se te puede hacer largo; puedes llevar contigo algo que te lo haga más llevadero, como por ejemplo un reproductor de música, crucigramas, libros… En cualquier caso, lo normal es que durante la administración del tratamiento te dejen también estar acompañado por una persona.
  • Lo más importante es que te mantengas tranquilo y sereno, y que pidas toda la información que necesites. Apunta tus dudas y que no se te quede nada en el tintero; esto te aportará seguridad frente al tratamiento.

 

Si estás en esta situación o tienes a alguien cercano afectado, y si te surgen dudas, no olvides que puedes acudir a tu oficina de farmacia de confianza para pedir asesoramiento, y sobre todo mantente positivo, pues una actitud positiva te hará tanto bien como el tratamiento.