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¡Qué pesados son en mi farmacia!

En mi farmacia son unos pesados… Cuando les pido ibuprofeno, me preguntan que para qué lo quiero, encima me intentan dar el de 400 mg en vez del de 600 mg. Cada vez que me recetan un medicamento me hacen un montón de preguntas: que si es la primera vez que lo tomo, que si sé para qué me lo han mandado, que si sé como tomarlo. Me miran el resto de medicamentos, se empeñan en darme cita para no sé qué de adherencia y de revisión de la medicación ¡hasta a veces quieren hablar con mi médico! No entiendo por qué me marean tanto ¿qué ganan con tanta pregunta?
 
 
Si todas o algunas de estas cosas te han pasado en tu farmacia, ENHORABUENA: tienes en esa botica un equipo de profesionales que se preocupan por tu salud y que tienen vocación sanitaria, y al igual que si te fueses a operar querrías al mejor cirujano, no al más guapo o al más simpático, sino al que más éxito obtiene en sus intervenciones, deberías seleccionar como farmacia de cabecera aquella en la que más se preocupan por ti en vez de otros criterios más superfluos.
 
¿Sabías que existen medicamentos que, aunque se consuman con mucha frecuencia, incluso aunque no necesiten receta médica para su dispensación, pueden poner en grave peligro tu salud si no se toman de la forma adecuada o se tienen en cuenta las condiciones del mismo? Pues el ibuprofeno es un ejemplo de ello. El ibuprofeno es un antiinflamatorio no esteroideo (AINE) que no se debe usar en pacientes que tienen problemas de estómago, insuficiencia renal, hepática o cardíaca grave, o problemas de coagulación. La dosis recomendada en adultos es de 400 mg cada 6/8 horas. La probabilidad de sufrir sus efectos secundarios -algunos bastante graves- depende de la dosis en muchos casos, por tanto, mientras más cantidad diaria tomemos, más papeletas para sufrir una reacción adversa. Otro ejemplo es que el uso de estos AINEs en pacientes que toman diuréticos y antihipertensivos puede producir un fallo renal grave con consecuencias fatales (se conoce en la jerga sanitaria como “la triple whammy”). 
 
Este rollo te lo cuento para que entiendas por qué te pregunta tu farmacéutico para qué quieres el AINE cuando se lo pides; y es para ver si realmente lo necesitas y comprobar que no tienes enfermedades o tomas medicamentos con los que puedas tener problemas al consumirlo. Por eso te recomienda la dosis menor: está cuidando tu salud.
 
Si llegas con una receta y a pesar de eso te pregunta si es la primera vez que lo tomas, si sabes cómo tomarlo o si sabes para qué te lo han mandado, es porque quiere ayudarte a sacar el mejor partido a ese medicamento.
 
Cuando te pregunta si es la primera vez que lo tomas es porque, entre otras cosas, quiere asegurarse de que no has tenido problemas anteriormente, comprobar si eres alérgico a algún excipiente o para explicarte, en caso afirmativo, cómo debes usarlo.
 
Existen medicamentos que, aunque parezcan sencillos de utilizar, muchos pacientes usan mal, es el caso de los supositorios o los inhaladores. Otros directamente son formas farmacéuticas complejas que requieren claramente unas instrucciones de uso. Además hay medicamentos que se deben tomar en ayunas, otros por el contrario con las comidas, hay cápsulas que no se pueden abrir y otras que sí, comprimidos que no se deben triturar, medicamentos que es mejor tomar por la noche, otros que tiñen la orina o las heces (y si no te lo han advertido te puedes llevar un buen susto). El farmacéutico es el profesional del medicamento, por tanto su deber es conocer los medicamentos que dispensa, y en el caso de que el médico no haya podido explicarte su uso y consecuencias, aquí está él, que no quiere que te vayas hasta que lo tengas claro para que no tengas ningún problema.
 
Cuando el farmacéutico te pregunta si sabes para qué te lo han mandado, es porque la evidencia demuestra que el empoderamiento del paciente, es decir, que el paciente sea conocedor y tenga voz y voto en el proceso de su enfermedad, que las decisiones que se tomen con respecto a su salud sean conjuntas y consensuadas con él, aumenta la adherencia, mejora sus hábitos higiénico-dietéticos, y evita errores de medicación, en conclusión, mejora su calidad de vida y el pronóstico de su patología.
 
Por último, no debemos olvidar que el mejor médico que podamos imaginar, es un ser humano, y por tanto tiene un tiempo limitado para atender a sus pacientes e incluso puede cometer errores, así que tener de aliada a una farmacia que cierra el círculo sanitario alrededor de los pacientes comunes, entrenando en formas farmacéuticas complejas, detectando duplicidades, revisando posologías pediátricas y en general asesorando en sus dispensaciones, tiene un tesoro que debe cuidar y valorar si le importa el bienestar de sus pacientes.
 
Si en tu farmacia son unos pesados, se resisten a dispensarte determinados medicamentos, te revisan la medicación y se empeñan en hablar con tu médico, estás de suerte: has elegido una farmacia que te va a cuidar por encima de todo. Una FARMACIA que le da sentido a esta profesión. Felicidades.
 
 

Autor:
Rosario Cáceres Fernández-Bolaños
Farmacéutica
Centro de Información del Medicamento del COF Sevilla
 
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