La infestación por lombrices es algo bastante habitual en la población infantil; de hecho se calcula que afecta a un 40-50% de los niños en edad escolar. Además, como el contagio es muy fácil, son frecuentes las parasitosis múltiples en los colegios. Esta semana hablamos de cómo podemos prevenir y tratar este problema de salud.
Aunque son varias las especies de lombrices que pueden infestar al ser humano, en este post me referiré únicamente a Enterobius vermicularis, que es sin duda el parásito intestinal más frecuente.
Lo primero que hay que conocer para evitar esta la infestación es el ciclo vital de la lombriz, que os ayudará a entender el contagio y por tanto, será más fácil evitarlo. La infestación se da por vía feco-oral, por el mecanismo ano-mano-boca. Existe la posibilidad de infestación por la ingesta de huevos que estaban en sitios que han sufrido una contaminación indirecta, como ropa interior, sábanas, objetos…
De alguna forma los huevos fecundados son ingeridos y liberan larvas que maduran en el duodeno, que es la primera porción de intestino delgado. De aquí van a pasar al intestino grueso, donde habitarán y migrarán a la última porción de recto y ano, sobre todo por las noches. Las hembras salen además al exterior para depositar sus huevos.
Si la lombriz sale al exterior, algo que hacen normalmente por las noches para depositar huevos, se observan como unos pequeños hilillos blancos en los pliegues de la piel de alrededor del ano o zona perianal, de unos 5-10 mm y que están en continuo movimiento, por lo que provoca mucho picor. El hecho de que las hembras salgan por las noches para depositar huevos, hace que el picor sea más notable en esa franja horaria.
Desde que se ingieren los huevos hasta la aparición de lombrices adultas y excreción de huevos  pueden pasar entre 2 y 3 semanas.
Los principales síntomas son el prurito anal y perianal, más intenso por las noches, irritabilidad y  dificultad para dormir. El prurito llega a ser tan intenso que puede hacer que el propio rascado cause pequeñas heridas en la región. Estos síntomas pueden aparecer a los 15 días desde el contagio.
Los huevos pueden pasar a las manos del niño por contacto directo por el rascado, por ello es muy importante prestar especial atención al lavado de manos; además no sólo las manos pueden constituir un vehículo de transmisión directa al llevárselas a la boca, sino que también los huevos pueden pasar a la ropa, objetos, sábanas… y de ahí igualmente pueden ser ingeridos, de forma que también tendremos cuidado en este sentido, cambiado sábanas y lavando ropa que pudiera estar contaminada al menos dos veces por semana; es recomendable también lavar las manos antes de manipular alimentos y antes de comer, limpiar bien y a diario la taza del baño y mantener las uñas cortas y limpias, haciendo uso si es posible de un cepillo especial para la limpieza de las mismas.
Una vez establecido el diagnóstico, el tratamiento es farmacológico; consiste en antiparasitarios que necesitan receta médica, y con una posología que instaurará el médico o pediatra. Por ello la visita al médico es obligada. Es importante que todos los miembros de la familia se traten de la misma manera, ya que es imposible saber si algún miembro más de la casa está infestado aunque aún no manifieste síntomas.